by Mora Salzman | Sep 1, 2022 | Constelaciones Familiares
En los talleres de Constelaciones se producen múltiples encuentros. Nos encontramos con otros que están pasando por situaciones personales por las que nosotros o alguien de nuestro círculo más cercano alguna vez hemos pasado o estamos atravesando en el momento presente. Es así como la constelación de la otra persona se trasforma en una puerta hacia nuestro propio movimiento de sanación. La frase que escucho para el otro me atraviesa y genera un efecto en mí; el movimiento que realizo en el rol de un representante me llega a mis propias células y genera un proceso también en mí. Es así como de múltiples formas, brindando una ayuda hacia el otro que está exponiendo su trabajo personal me encuentro al mismo tiempo siendo ayudado.
Nos encontramos también con nuestra historia, tal vez no de la manera que nos la habían contado o que la recordamos, sino una historia diferente que trae otra mirada, otras comprensiones y acercamientos. Las constelaciones nos proponen que permanezcamos abiertos a eso nuevo que se muestra para poder mirar nuestra historia desde otro ángulo; permitirnos soltar los relatos y saberes y conectarnos con las imágenes que nos muestran lo que, en lo profundo de la conciencia familiar, está sucediendo. Al hacer esto, lo que era un peso se transforma en fuerza, lo que era un bloqueo puede ser una llave hacia una nueva puerta y lo que estaba desunido puede re-unirse.
A través de esta herramienta nos encontramos con nuestras sombras, nuestros dolores más profundos, lo que “no queremos ver” ya sea consciente o inconscientemente, no sólo de nuestras vivencias personales sino también lo que en el sistema familiar no pudo tener su lugar. Todos los hechos o personas que son excluidos en nuestra vida o en la vida de nuestra familia buscan ser incluidos nuevamente, buscan ser mirados y reconocidos; cuando esto no sucede aparecen los “síntomas” como mensajeros de dichos conflictos no resueltos. De múltiples maneras nuestros síntomas físicos, emocionales, mentales, vinculares, laborales, etc. nos hablan de estas exclusiones que habitan en lo profundo de nuestra conciencia familiar. Al poder reintegrarlas y reordenarlas, aquello que fue doloroso y difícil de mirar se transforma en fuerza y tiene un efecto sanador sobre nuestra vida personal y sobre el sistema familiar en general.
En un taller nos reencontramos además con nuestras múltiples inteligencias, en donde entender racionalmente de la forma en que generalmente pretendemos hacerlo en nuestra vida cotidiana, es sólo una pequeña parte y la mayoría de las veces lo menos importante para que el proceso de sanación ocurra. A través de una Constelación se puede vivenciar cómo nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra alma tienen su lenguaje propio y nos muestran información muy valiosa sobre nosotros mismos y las dinámicas dentro del sistema.
La información que se revela en este trabajo no surge de nuestra mente y lo que a través de ella llegamos a ver y comprender, sino de una conciencia más profunda a la que pertenecemos desde el primer día que somos concebidos. Es por eso que muchas veces, lo que se ve en una Constelación nos sorprende porque no es lo que esperábamos ver; o, por el contrario, lo que se revela nos resulta conocido, pero igual nos conmueve profundamente, como si una parte nuestra aún estuviera conectada con esa historia que creíamos ya superada; a veces sucede que vemos imágenes “nuevas” que revelan movimientos que nos hubiera gustado hacer en nuestra vida y que de alguna manera se realizan a través del trabajo.
Con todo esto podemos decir que al contrario del tiempo lineal de nuestra mente, el tiempo del alma y del espíritu es otro, en el cual pasado presente y futuro confluyen en un mismo lugar modificándose y nutriéndose uno a otro y las Constelaciones Familiares de manera muy simple nos permiten el acceso a ese espacio multidimensional.
Como dice Bert Hellinger, las Constelaciones Familiares no son una terapia sino una filosofía de vida y creo que se necesita tiempo para incorporar su mirada y sobre todo aplicarla a nuestra vida cotidiana.
Podríamos imaginar al encuentro grupal o individual como el espacio en donde removimos nuestra tierra, sacamos las malezas y plantamos las nuevas semillas. Luego de este proceso, que para cada quien será diferente según cómo esté su jardín y la labor que en él viene realizando, se necesita tiempo. El tiempo es esencial para que las semillas crezcan, sin embargo no es lo único; es necesario ocuparnos en el día a día de lo que trabajamos en ese encuentro, es decir, darle a lo nuevo lo que necesita para seguir creciendo -sol, agua, seguir sacando las nuevas malezas, etc-. En otras palabras, se ponen en juego nuestra usual manera de vincularnos con quienes nos rodean, las creencias y prejuicios, lo que veníamos sosteniendo en nuestros espacios y proyectos, la manera de mirarnos a nosotros mismos.
El efecto que tenga esta herramienta, va a depender en parte de esta labor cotidiana que continuemos y una buena manera de incorporar la mirada e ir haciéndola propia es volvernos a encontrar en un círculo cada vez que lo sintamos. Los círculos son siempre potenciadores de los procesos individuales y la manera natural de crecer del ser humano, como nos lo recuerdan los pueblos originarios del mundo.
La propuesta de las Constelaciones, como tantas otras herramientas, recupera el lugar de la ancestralidad y la comunidad que en nuestra mirada occidental se ha perdido un poco y al círculo como lugar de encuentro, de aprendizaje y de sanación colectiva.
by Mora Salzman | Aug 25, 2022 | Constelaciones Familiares
2 Parte
“La conciencia personal se experimenta como un sentido a través del cual percibimos de inmediato lo que es necesario para que nosotros pertenezcamos a la familia o a un grupo. Es similar al sentido de equilibro: ni bien nos apartamos del equilibrio, tenemos una sensación de mareo. La sensación de mareo nos lleva a corregir nuestra postura de inmediato para que logremos nuevamente el equilibrio y quedemos estables. El efecto de la conciencia personal es similar. Ni bien una personase aparte de lo que es válido en su familia o en un grupo, es decir, cuando debe temer que por su actuar se juega su pertenencia, tiene una mala conciencia. Y como es tan desagradable, la mala conciencia lo lleva a modificar su conducta para volver a tener el permiso de pertenecer” Bert Hellinger Mi vida mi obra.
Cuando somos niños, necesitamos pertenecer para sobrevivir. No sabemos regularnos fisiológicamente (temperatura corporal, alimentación, control de esfínteres, movimiento autónomo, etc.) ni emocional o mentalmente. Nuestros primeros años de vida dependemos casi exclusivamente de los adultos que nos cuidan, a quienes no juzgamos si lo que hacen está bien o mal, si es o no lo adecuado o si lo podrían hacer mejor, sino que nos adaptamos instintiva y ciegamente a nuestra familia. El sentido de pertenencia nos permite sobrevivir en este contexto, por más adverso que sea.
“La conciencia colectiva o de linaje es una conciencia grupal. Porque cada uno está unido a una comunidad de destino con sus padres y su linaje. Con nuestros padres compartimos ese linaje, pertenecemos a ese linaje en el cual el padre y la madre están unidos. Un linaje se comporta como si se mantuviera unido por una fuerza que enlaza a todos sus miembros y por un sentido de orden y equilibrio que actúa sobre todos los miembros en la misma medida (…) Mientras que la conciencia personal es sentida por cada individuo y está al servicio de la pertenencia personal y la supervivencia personal de éste, la conciencia colectiva o de linaje tiene una mirada hacia la familia como un todo. Porque está muy relacionada con la comunidad de destino la conservación de a integridad del linaje, o sea de su completud”. Bert Hellinger Mi vida mi obra.
La filosofía hellingerina nos provoca diciéndonos: con el amor no alcanza. Aunque haya mucho amor en una familia o sistema, si ese amor no respeta ciertas leyes, funciones o regularidades, esa energía no puede circular, al igual que el río necesita a su cauce para llegar al mar.
Comentaremos brevemente acerca de estos órdenes. Uno de ellos es la jerarquía: los que llegan antes al sistema tienen prioridad en el tiempo sobre los posteriores, quienes dependen de los posteriores para su existencia. Los padres dan la vida y los hijos la toman. Esto parece muy sencillo, pero, ¿en cuántas ocasiones sentimos que tenemos que hacer algo para compensar lo que nos dieron? No podemos ni debemos, nos dice Hellinger. Es como querer subir el agua de una montaña hacia arriba, va en contra de la ley natural de la vida. Vinculado con este orden jerárquico, podemos decir que en un sistema hay un equilibrio entre lo que se da y lo que se toma, vinculada a dicha jerarquía. Dicho equilibrio depende de qué lugar y función ocupamos en ese intercambio: puede ser equitativo dentro de la pareja, por ejemplo, pero como madre no puedo pedirle a mi hija que me ayude a reparar el dolor por la pérdida de mi propia madre, como tampoco puedo salvar a mi padre de su pasado; cada vez que por amor y con las mejores intenciones lo intentamos, el sistema se desequilibra.
Otro orden es la vinculación: todos pertenecen al sistema familiar, es decir, que toda persona que haya permitido que la vida se despliegue o que haya influenciado en la historia familiar-de forma positiva o negativa sean consanguíneas o no- forma parte del sistema. Aquí el juicio sobre lo que está bien o mal pertenece a mi conciencia personal, pero no a la grupal: en esta dimensión, nadie ni nada puede ser excluido, todo es y forma parte.
Y por último, la integridad total, la cual hace posible esta interconexión trans-espacial y trans-temporal, expresando un tipo de causalidad no local de todos los miembros del sistema.
CONTINUARÁ…
by Mora Salzman | Jul 23, 2022 | fragmentos
Las Constelaciones Familiares son una herramienta de transformación individual y colectiva;
hacen su aporte no sólo en el ámbito terapéutico personal sino también en muchos de los
conflictos que atraviesan los diferentes colectivos humanos, ya sea en el ámbito laboral,
organizacional, educacional, de salud, jurídico, entre otros.
Sea el ámbito que sea que estemos mirando- un problema en una escuela, un conflicto en un
área empresarial, un síntoma físico-lo hacemos en relación con, es decir, dentro de un
contexto y de un grupo más grande, ya sea nuestro sistema familiar de origen, nuestro sistema
actual, o el grupo de pertenencia con el que esté vinculada la problemática en cuestión. ¿Por
qué?
Desde esta mirada, un síntoma o conflicto no es puramente individual sino que está en
resonancia con un origen más profundo, es decir, lo que vemos en la superficie como el
problema es muchas veces la consecuencia de un desorden, un desequilibrio o una exclusión
cuyo origen permanece aún invisible.
Todos tenemos nuestro lugar dentro del sistema familiar, todos tenemos el mismo derecho a
pertenecer a él y existe un equilibrio entre dar y tomar, vinculado con el orden y la jerarquía
temporal dentro de este sistema. Estos principios básicos son los rieles por donde se
despliegan las diversas dinámicas, que emergen en los talleres grupales o sesiones
individuales.
Las Constelaciones Familiares nos ayudan a reconectarnos con esos hilos que nos unen con
nuestra historia familiar, haciendo visible lo invisible. Así, lo que creíamos era un conflicto se
transforma en la solución, desplegada inconscientemente, como modo de equilibrar y resolver
algo de lo acontecido en la historia de nuestro sistema familiar. Es así como somos parte de
una consciencia familiar más grande y nuestro destino personal está conectado con ella.
La libertad que nos da el ocupar nuestro lugar dentro del sistema y mirar lo propio, está
directamente vinculada con transformar la inocencia y el amor ciego por el amor consciente y
la responsabilidad sobre nuestra forma de actuar y vincularnos. Con respecto a esto, el creador
de la herramienta Bert Hellinger nos dice: “(…) Nuestra posibilidad y nuestros límites también
están marcados por nuestra familia; por su historia, sus éxitos y sus derrotas, su fortuna y sus
infortunios. Asimismo están trazados por los grupos grandes a los que pertenecemos: nuestro
pueblo, nuestra religión, nuestra raza, nuestro sexo. De todas esas circunstancias nace nuestro
destino. Pero de tal forma que aún nos corresponde algo particularmente propio, algo como
una vocación personal. Consta, también, que los destinos de otros miembros de nuestra familia
se convierten en nuestro propio destino, sobre todo los de aquellos que son rechazados por
nosotros o por otros integrantes que la rechazan, de los que a lo mejor sentimos vergüenza o
cuyo destino nos da miedo. Sin que seamos conscientes de ello, su destino revive en nosotros.”
Las imágenes de solución que se nos revelan a través de las Constelaciones Familiares nos
ubican en un lugar de mayor conciencia y responsabilidad a la hora de mirar y transformar lo
que nos sucede. Como toda herramienta, el efecto que estos movimientos tengan depende del
proceso que cada persona continúe luego en la vida cotidiana, cada cual a su propio tiempo,
ritmo y con sus propios recursos.
¿A quiénes va dirigido este trabajo?
A personas que tienen dificultades en sus relaciones familiares, que se manifiestan en
problemas emocionales, mentales o corporales.
A personas que tienen problemas de pareja, convivencia o separaciones conflictivas, casos de
adopción, abuso sexual, abortos.
A aquellos que padezcan enfermedades graves, que tengan cualquier tipo de adicción y/o
trastornos de la alimentación (bulimia, anorexia, obesidad).
A personas que hayan sufrido repetidas experiencias de infortunio (duelos, muertes trágicas,
suicidios, guerras) o deseen enfrentar hechos irremediables de su historia.
A personas que tienen problemas vinculados con inmigración /emigración.
A padres, educadores y psicólogos que tratan ayudar a los hijos con problemas de conducta,
aprendizaje y desarrollo personal.
A todos los profesionales de la Salud (Psicólogos, Psicoterapeutas, Médicos, Terapeutas
Corporales), Asistentes Sociales, Educadores, Maestros, Abogados.
A Consultoras de Empresas. Para problemas de liderazgo, lealtad, estructuración de
responsabilidades, cohesión en los equipos de trabajo.