Parte 3: Constelaciones Familiares y Trauma

Parte 3: Constelaciones Familiares y Trauma

La lealtad inconsciente a nuestra historia familiar y todo lo que allí sucedió, genera la repetición de estás dinámicas, generando múltiples consecuencias tanto a nivel individual como colectivo: carencias emocionales proyectadas en las relaciones, dificultad en tomar la propio responsabilidad, desconexión con el propio deseo, dificultad en autorregularnos, incoherencia entre lo que sentimos física, mental y emocionalmente, desequilibrios en nuestro dar y tomar, exclusiones que generan repeticiones, enfermedades, entre otros.

Transformar la mirada sobre los conflictos, pasando de una perspectiva individual a una sistémica, nos ubica como parte de una inteligencia mucho más vasta y compleja, que opera a través nuestro inconscientemente, desde el momento en que llegamos a la vida.

Traer a la luz estas dinámicas familiares ocultas y las leyes que como grupos nos ordenan, nos permite transformar nuestro amor ciego infantil-la lealtad que nos lleva a la repetición- en un amor adulto consciente, a través del cual lo nuevo puede emerger. Para ello, necesitamos renunciar a ser las heroínas de la historia, las que salvan a mamá y a papá, a los abuelos y ancestros. ¿Qué quiere decir esto?

Poder asentir a lo que fue como fue, reconociendo la herida que esto causó y los efectos que tuvo. Poder respetar y reconocer que todo lo que sucedió es parte de la dignidad y de la fuerza de quienes lo vivieron y que, si nacimos luego, no podemos hacer nada… Nada más ni nada menos que mirarlo y darle espacio, que reconocerlo e integrarlo como parte de nuestra historia e identidad.

Poder abrir nuestro corazón a lo que en su momento ocasionó que, en otros, se cierre. Con esto no quiero decir que tengamos que hacer algo que no deseamos, que debemos tomar las leyes sistémicas como un mandato moral, repitiendo una frase hecha o realizando un movimiento corporal automatizado. Muy por el contrario, a veces se trata de aceptar nuestro límite, nuestro no poder mirar una situación o hacerle lugar a una persona que nos lastimó o dañó a algún ser querido, tomando conciencia y responsabilidad de los efectos que cada movimiento genera.

Si el haber excluido una persona o situación; o el haber permanecido sin contacto o entumecidos; o simplemente el haber silenciado y olvidado lo que sucedió, fue una solución en el pasado (para nosotros o para nuestros antepasados) para que la vida pueda continuar, es esencial atender al modo con el que nos acercamos nuevamente a esta herida que probablemente, aún no haya cicatrizado. Esto nos lleva a una actitud de mayor responsabilidad, coherencia y cuidado. De esta forma, se habilita más espacio para digerir e integrar lo acontecido, para que el pasado sea pasado y no continúe actuando en nuestro presente y moldeando nuestro futuro.

A continuación, exploraremos con mayor profundidad cómo es que esta inteligencia de supervivencia se despliega en nosotros, es decir, cuáles son los efectos visibles a través de los cuales, podemos encontrarnos con este pasado aquí y ahora.

CONTINUARÁ…

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Parte 2: Constelaciones Familiares y Trauma

2 Parte

“La conciencia personal se experimenta como un sentido a través del cual percibimos de inmediato lo que es necesario para que nosotros pertenezcamos a la familia o a un grupo. Es similar al sentido de equilibro: ni bien nos apartamos del equilibrio, tenemos una sensación de mareo. La sensación de mareo nos lleva a corregir nuestra postura de inmediato para que logremos nuevamente el equilibrio y quedemos estables. El efecto de la conciencia personal es similar. Ni bien una personase aparte de lo que es válido en su familia o en un grupo, es decir, cuando debe temer que por su actuar se juega su pertenencia, tiene una mala conciencia. Y como es tan desagradable, la mala conciencia lo lleva a modificar su conducta para volver a tener el permiso de pertenecer” Bert Hellinger Mi vida mi obra.

Cuando somos niños, necesitamos pertenecer para sobrevivir. No sabemos regularnos fisiológicamente (temperatura corporal, alimentación, control de esfínteres, movimiento autónomo, etc.) ni emocional o mentalmente. Nuestros primeros años de vida dependemos casi exclusivamente de los adultos que nos cuidan, a quienes no juzgamos si lo que hacen está bien o mal, si es o no lo adecuado o si lo podrían hacer mejor, sino que nos adaptamos instintiva y ciegamente a nuestra familia. El sentido de pertenencia nos permite sobrevivir en este contexto, por más adverso que sea. 

“La conciencia colectiva o de linaje es una conciencia grupal. Porque cada uno está unido a una comunidad de destino con sus padres y su linaje. Con nuestros padres compartimos ese linaje, pertenecemos a ese linaje en el cual el padre y la madre están unidos. Un linaje se comporta como si se mantuviera unido por una fuerza que enlaza a todos sus miembros y por un sentido de orden y equilibrio que actúa sobre todos los miembros en la misma medida (…) Mientras que la conciencia personal es sentida por cada individuo y está al servicio de la pertenencia personal y la supervivencia personal de éste, la conciencia colectiva o de linaje tiene una mirada hacia la familia como un todo. Porque está muy relacionada con la comunidad de destino la conservación de a integridad del linaje, o sea de su completud”.  Bert Hellinger Mi vida mi obra.

La filosofía hellingerina nos provoca diciéndonos: con el amor no alcanza. Aunque haya mucho amor en una familia o sistema, si ese amor no respeta ciertas leyes, funciones o regularidades, esa energía no puede circular, al igual que el río necesita a su cauce para llegar al mar.

Comentaremos brevemente acerca de estos órdenes. Uno de ellos es la jerarquía: los que llegan antes al sistema tienen prioridad en el tiempo sobre los posteriores, quienes dependen de los posteriores para su existencia. Los padres dan la vida y los hijos la toman. Esto parece muy sencillo, pero, ¿en cuántas ocasiones sentimos que tenemos que hacer algo para compensar lo que nos dieron? No podemos ni debemos, nos dice Hellinger. Es como querer subir el agua de una montaña hacia arriba, va en contra de la ley natural de la vida. Vinculado con este orden jerárquico, podemos decir que en un sistema hay un equilibrio entre lo que se da y lo que se toma, vinculada a dicha jerarquía. Dicho equilibrio depende de qué lugar y función ocupamos en ese intercambio: puede ser equitativo dentro de la pareja, por ejemplo, pero como madre no puedo pedirle a mi hija que me ayude a reparar el dolor por la pérdida de mi propia madre, como tampoco puedo salvar a mi padre de su pasado; cada vez que por amor y con las mejores intenciones lo intentamos, el sistema se desequilibra.

Otro orden es la vinculación: todos pertenecen al sistema familiar, es decir, que toda persona que haya permitido que la vida se despliegue o que haya influenciado en la historia familiar-de forma positiva o negativa sean consanguíneas o no- forma parte del sistema. Aquí el juicio sobre lo que está bien o mal pertenece a mi conciencia personal, pero no a la grupal: en esta dimensión, nadie ni nada puede ser excluido, todo es y forma parte.

Y por último, la integridad total, la cual hace posible esta interconexión trans-espacial y trans-temporal, expresando un tipo de causalidad no local de todos los miembros del sistema.

CONTINUARÁ…

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Constelaciones Familiares y Trauma


1 parte

Cuerpo individual y cuerpo colectivo

“El trauma se sana en relación” Thomas Hubl


Cuando surge una herida- cuando nos lastimamos el cuerpo, por ejemplo- se
desencadena una reacción biológica natural, que necesitará recursos materiales para
curarla, conocimientos específicos sobre el tema, ayuda profesional si es necesaria,
atención y tiempo para el proceso de sanación, entre otros recursos. Si aceptamos y
acompañamos este proceso, se formará una cicatriz que nos indicará que el cuerpo está
curado.
Por supuesto, la complejidad de este proceso depende de diversos factores tanto internos
como externos, como la profundidad de la herida, los recursos de la persona para
ocuparse de ella, el contexto en el que ocurrió, si se atendió en tiempo y forma, si esa
persona estaba sola o acompañada, si es su primera experiencia o ha tenido una vivencia
similar antes, qué memorias en su historia personal y familiar existe en relación al tema,
entre muchos otros.
Es decir, si ampliamos nuestra mirada sabremos que esa herida biológica no sólo afectará
nuestro cuerpo físico, sino que también podrá tener una consecuencia para nuestro
cuerpo emocional, mental y relacional. La intensidad y el alcance de esta experiencia
dependen tanto de factores externos como internos, que atraviesan tanto la subjetividad
individual como colectiva.
Abordarnos como seres multidimensionales es vital para que la integración tenga lugar y
este proceso es un arte. Si deseamos acelerarlo, corremos el riesgo de generar el efecto
contrario. Si en cambio, creemos que no necesita especial atención y lo descuidamos,
puede infectarse y agravarse, teniendo no sólo consecuencias individuales sino también
relacionales y contextuales. ¿Cómo encontrar el equilibrio que posibilite la integración?

“Como especie, los seres humanos no evolucionaron como criaturas solitarias, sino como
animales sociales cuya supervivencia dependía de poderosas conexiones emocionales con
la familia y la tribu. Las conexiones sociales y emocionales son una parte esencial de
nuestra composición neurológica y química. Esto lo sabemos todos por los grandes
cambios fisiológicos cotidianos que experimentamos en nuestros cuerpos según
interactuamos con otros (…). Cuando uno considera nuestra historia evolutiva y las
pruebas científicas de las que disponemos, es absurdo siquiera imaginar que la salud y la
enfermedad pudieran entenderse aisladas de nuestras redes psicoemocionales. “La
premisa básica es que, al igual que otros animales sociales, la homeostasis fisiológica de
los humanos y su estado de salud ulterior están influidos no solo por el entorno físico, sino
también por el ambiente social.
Desde esta perspectiva biopsicosocial, la biología, el funcionamiento psicológico y las
relaciones interpersonales y sociales del individuo trabajan juntos, influyéndose unos a
otros” Gabor Maté, Cuando el cuerpo dice No. La conexión entre el estrés y la enfermedad
Al igual que sucede en el cuerpo individual, ocurre en nuestro cuerpo colectivo. Desde la
mirada sistémica, podemos decir que como individuos formamos parte de múltiples
grupos, siendo el primero de ellos, nuestra familia. Conozcamos o no la historia de
nuestros ancestros, venimos de ella y pertenecemos a ella. Esta conciencia familiar es
independiente de nuestra conciencia personal y funciona con sus propias reglas más allá
de nuestras creencias, juicios o valores individuales.
CONTINUARÁ…..

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